SOLICITE SU ESPACIO

[961]1472310


Socializa
con nostros
Domingo 24 de Octubre de 2021
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.partly-cloudy-night22 °C
SECCIONES
Chiapas de Tradiciones
Agro info
Agro notas
Agro negocios
Agro eventos
Agro Turismo
Ambiental
Agro Bovinos
Agro Tecno
Agro mujer
Agro Entretenimiento
Negocios
Noticias
Política
Turismo
Agricultura
Tecnología
Ganadería
Eventos
Mujer
Niños
AGRICULTURA

Chiapas de Tradiciones

NO ES LO MISMO, PERO ES IGUAL


El último día de 1971, con Adolfo Lanuza, mi compañero nicaragüense de la facultad de veterinaria, preparábamos un examen que presentaríamos pronto. El Nica: delgado, boca grande como rebanada de sandía, adornada con bigotito estilo Cantinflas, escaso cabello ri- zado y contagiosa sonrisa. A la menor provocación solía cantar: “León puede ser abatido / Pero nunca vencido / ¡¡¡Viva León, Jodido!!!”. Por supuesto; se trataba de la ciudad de León, en Nicaragua. 

—Bueno Nica, ya son las siete, te dejo —dije—.

Debo alistarme para la cena de fin de año. 

Estábamos en su departamento, ahí vivía con otros centroamericanos que vacacionaban. Él, por alguna razón que ignoro, se quedó solo. 

—¿Dónde vas a cenar? —pregunté. 

—Aquí, compraré un pollo y una botella de vino.

 —¿Va a venir alguien?

 —No. 

—Amigo, esta fecha no es para estar solo, te vas conmigo a cenar con mi familia.

Se rehusó un poco (muy poco). Se duchó y media hora después reapareció. Pero… éste no era el Nica sonrisa de sandía. ¡Era Clark Gable, el galán de “Lo que el Viento se Llevó”!: Escaso, pero bien envaselinado cabello. Tra-

je negro de casimir inglés, corbata y pañuelo rojo en el bolsillo realzaba su elegante traje. 

—Nica —le dije—, cenaremos en mi casa en la colonia Portales, no en Ho- llywood, no es necesario tanta elegancia. 

—¡Claro que sí! —y su cantinflesca sonrisa apareció—. Si me invitas a tu casa, debo ir apropiadamente vestido.

 En una bolsa de papel, una botella de “Flor de Caña”, un buen ron nicaragüen- se de exportación tenía destinatario. 

—Es para tu jefe —dijo.

El que sin avisar llegara con invitados a desayunar, comer o cenar, no le era extraño a mi familia. El Nica fue bienvenido. En punto de las doce brin- damos y todos dijimos algo, él brindó; pero nadie le entendió, hablaba muy embarullado y rápido, le aplaudimos. A las tres de la madrugada, con la Flor de Caña entre pecho y espalda, caminamos media cuadra a la casa de mi pariente la Rana, ahí, la fiesta estaba por todo lo alto. El traje negro del Nica ya mos- traba huellas del festejo, mi compañero estaba feliz, un montón de chiapanecos celebraban escandalosamente la llega- da del año nuevo. Corbata y pañuelo sirvieron de consuelo a una paisana que lloraba y moqueaba a mares.

En mi cuarto había siempre una cama para los amigos. Cuando nos levantamos, el Nica hablaba, comía y bebía como chiapaneco. Doña Jelen nos sirvió un caldo de pollo caliente y mi padre tenía cervezas frías. El elegante traje de mi amigo ya era una desgracia. La llorona se quedó con la corbata y el pañuelo.  

Adolfo se casó con una mexicana, no nos veíamos tan seguido, pero la amistad continuaba.  

En nuestra fiesta de graduación estuve en la misma mesa con el Nica y sus padres, ellos vinieron de Nicaragua, me los presentó, estaba sentado justo frente a ellos: 

—¿Quién crees quién soy? —le preguntó su papá a su madre. 

—Mi marido. 

—Nooo, ¡Aquí, soy el papá del Nica! —y reía alegre. 

Ella me contó que sus tres hijos estudiaban en el extranjero. Un fin de año, Adolfo no llegó a su casa, en la charla salió que una familia mexicana lo invitó a cenar. 

—Sí, estuvo en mi casa —le informé. 

Me abrazó, me besó, y le dijo a su marido: 

—¡Vos, papá del Nica, comprá una botella de Wisky y se lo regalás a este muchacho!  

Por supuesto, el pomo nos lo bebimos entre varios. 

Sin despedirse, el Nica regresó a su tierra con esposa y dos hijos. Llegaron los Sandinistas y su revolución. Por la televisión seguía las noticias. En la Ciudad de Estelí (donde vivían los Lanuza), los combates fueron especialmente cruentos. El reportero narró que el ejército de Somoza entraba a las casas disparando a todo lo que se movía. El gobierno de México envió un avión para repatriar a los mexicanos. Por un noticiero vi que la fami- lia del Nica subió al avión, pero él no. Pensé lo peor. Pasaron los años y yo contaba su historia, no era raro que terminara triste y enjugando una que otra lágrima por su muerte.

Hace poco, mientras veía la tele mencio- naron a Nicaragua, mi hijo pasaba en ese momento, de seguro la historia de la muerte del Nica ya lo había cansado, los viejos sole- mos ser irredentos repetitivos.  

—¿Ya te conté de mi amigo el Nica y cómo murió?  

—Sí, solo doscientas veces —y pregun- tó—; ¿cómo sabes que tu amigo murió?  

—Murió, si no, ya sabría algo de él.  

—¡Dame su nombre completo!  

Se lo di y comenzó la búsqueda virtual:  

—Ya deja de chillar —dijo treinta segun- dos después—, tu amigo radica en Toluca y está más vivo que tú. 

¡No lo podía creer! ¡Lloré tanto su muerte y ese cabrón vivito y coleando! Regresó y no fue capaz de hablar con nadie de los amigos. Tenía muchos años viviendo en Toluca. Le mandé el número de mi celular, enseguida me habló: 

—¡Enrique! —dijo. No lo dejé continuar:

—¡Óyeme bien, hijo de la ch…! ¡Tie- ne treintaiocho años que estoy llorando tu

muerte, pero esto no se queda así, en cuanto te encuentre te voy a matar cabrón, al fin, ya te lloré bastante! 

“León puede ser abatido / Pero nunca vencido / ¡¡¡Viva León, Jodido!!! —cantó. 

Adolfo ya es mexicano de Toluca. Es “to- lucanica”, y desde aquí le digo: “¡Me debes dos litros de lágrimas, te las cambio por dos botellas de ‘Flor de Caña’; no es lo mismo, pero… es igual!”



Nombre: Enrique Orozco
Ocupación: Escritor y miembro fundador del movimiento cultural Rial Academia de la Lengua Frailescana

NUESTROS ANUNCIANTES