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ENRIQUE EL CAPI MAHR KANTER


Nació el 2 de septiembre de 1934, en la finca La Primavera, en el municipio de Tumbalá, Chiapas. Tercero de los hijos del matrimonio de Enrique Mahr Cristlieb y Bertha Kanter Urrutia.

 

En sus primeros años de vida en la finca, le inculcan el amor a la tierra y a los animales, pues- to que las actividades que se desarrollaban en la misma, eran la del cultivo del café y la ganadería.

 

A los cuatro años de edad, se traslada con su familia al municipio de Yajalón; ya que las escuelas en ese entonce se encontraban en las cabece- ras municipales principalmente. Ahí en Yajalón, comienzan sus estudios, y ahí también es donde tiene su primer encuentro con los aviones; mismos que le despiertan tal interés, que posteriormente se convierte en aviador, siendo esta una de sus gran- des pasiones; al igual que lo fueron los caballos, el ganado y la tierra.

 

Al cabo de unos años, sus padres deciden radicar en San Cristóbal de las Casas y lo inscriben, junto con su hermano Gustavo, en el Colegio Alemán de dicha ciudad, pero a los pocos años fa- llece su padre, en 1946, por lo que su madre, doña Bertha Kanter, decide regresar a Tumbalá para vi- vir en el rancho de su familia llamado Cuncunpá,

 

por lo cual ambos hermanos quedan internos en el Colegio Alemán. Así transcurre su primaria... del internado a la finca. Estos viajes de visita a su madre, incrementaban aún más su pasión por el campo, los caballos y el ganado.

 

Posteriormente, viaja a la ciudad de Tuxtla Gu- tiérrez para iniciar sus estudios de grado medio en el Icach, y ahí vive con sus tíos Alberto Buere Azi y María Kanter Urrutia (hermana de su madre), convirtiéndose ambos en segundos padres para él.

 

Al estar viviendo en Tuxtla Gutiérrez, le renace el interés por los aviones y decide estudiar aviación, esto a raíz de que sus tíos Alberto Buere y Jesús Ortega, fundan la compañía de servicios aéreos de Chiapas, Sacsa (que años más tarde se convertiría en Aviacsa), además de la relación que tenía con los pilotos, mecánicos y demás miembros de la compa- ñía. Pasión que se ve interrumpida por varios años; tras pláticas con amigos que deciden irse a estudiar a Nuevo León, se inscribe en el Instituto de Estu- dios Superiores de Monterrey, Itesm, para cursar la carrera de agronomía, convirtiéndose él y sus com- pañeros en la primera generación de esta carrera en la institución. Radica en la ciudad de Monterrey por varios años, pero al cursar el cuarto semestre de su carrera, se da cuenta de que su verdadera voca- ción y pasión, es la de ser piloto aviador, por lo que decide regresar a Tuxtla Gutiérrez para comenzar con la carrera de aviador. 

 

Durante los primeros años, fue copiloto de gran- des aviadores, pioneros (todos ellos), de la aviación en Chiapas, hasta el año de 1956, que acumuló las horas de vuelo necesarias para dar inicio a los trámites para la obtención de su licencia como piloto comercial, para lo cual viaja a la Ciudad de México, ingresa a la Escuela Nacional de Aviación e inicia sus estudios en simulador. Presenta su examen teóri- co el 28 de septiembre de 1956 y al día siguiente el práctico, y vuela un Piper Cub, Matrícula XB-HUG; aprueba de manera satisfactoria y obtiene la licencia número 1968, de Piloto Comercial.

 

Dos años antes, su tío Jesús Ortega, le ofrece  en venta una fracción de su finca AguaClara, ubicada en el municipio de Salto de Agua e in- cursiona en el mundo ganadero, dando inicio a la Finca Tulijá, la cual construye desde cero, puesto que el único medio para llegar era por la vía aérea, lo que él aprovecha y visita cuando volaba como copiloto por la zona.

 

Se inicia como ganadero con un lote de vacas que le regaló su abuela materna desde pequeño, una vez terminados los potreros en la nueva finca, lleva las vacas y comienza la cría de ganado. Des- pués de muchos años de arduo trabajo, en el año de 1982, se da de alta ante la Asociación Ganadera de Criadores de Cebú de la República Mexicana, hoy conocida como la Asociación Mexicana de Criadores de Cebú (AMCC) y obtiene la membre- sía número 615.

 

Años antes, compra la finca Las Palmas, en el municipio de Cintalapa y se mete de lleno a la agricultura, sembrando tomate, chile, maíz, sorgo y cultivos varios, además de la ganadería, que nunca dejó.

 

Tras el levantamiento armado zapatista en 1994, la Finca Tulijá es invadida y expropiada, quedándose solo con una fracción pequeña y ven- diendo al gobierno la mayor parte de la misma.

Con el dinero obtenido por dicha venta adquiere el rancho El Recinto, ubicado en el municipio de Ocozocoautla, que también comienza a formarlo de la nada. Iniciando ahí con la cría de ganado suizo de registro con un lote de vacas importadas de Winsconsin, Estados Unidos, que le compra al general Absalón Castellanos Domínguez.

 

Con el número de membresía 662 de la Asocia- ción Mexicana de Criadores de Ganado Suizo de Registro, comienza entonces la ordeña y cría, obteniendo importantes premios regionales y nacio- nales con logros de campeonato. Obtuvo primer lugar en la categoría doble propósito del Concurso Estatal de la Vaca Lechera (Chiapas, 1999), evento que sigue vigente como uno de los más impor- tante en todo el estado, y que cuando se instauró de manera oficial, los primeros firmantes fueron doña Consuelo González Pastrana, Fernando Léon, José Alberto Trejo y por supuesto, Enrique Mahr Kanter, en una feria en Ocozocoautla.

 

Infinidad de reconocimientos le fueron otor- gados. Entre ellos destacan la medalla al Mérito Ganadero en el año de 2006 que otorga la Unión Ganadera del Estado y la Medalla Presidencial al Mérito Ganadero, en el año 2000, máxima presea en el mundo ganadero del país, misma que entre- gó el entonces presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.

 

Enrique Mahr Kanter, “El Capi”, como le llama- ban siempre sus amigos, fue un hombre entusiasta, amable, bohemio y apasionado del campo, de la ganadería y de la aviación, vivió hasta sus últimos días en su rancho El Recinto, donde reposan sus restos por voluntad propia.

 

Amigo incondicional y siempre ocupado en aportar su “granito de arena” para el mejoramiento de la ganadería, no solo de su amado rancho, sino desempeñando por igual cargos gremiales, como el de tesorero de la Unión Ganadera del Estado, por la que siempre guardó un especial cariño, y fundador de la empresa Lácteos de Chiapas, Pradel, en la que fungió como miembro directivo hasta sus últimos días.

 

El legado que deja es el amor por su familia a la que siempre inculcó buenos valores, amor por el campo y la ganadería y el arraigo a la tierra que lo vio nacer.

 

“Piloto de profesión, pero ganadero por voca- ción”, siempre dijo. Un hombre de convicciones claras, perseverante en sus objetivos, gran padre, esposo, abuelo y buen amigo; anteponiendo siempre sus principios y valores a los que reafirmando diciendo: “uno le pone nombre al nombre, y hay que hacerlo dignamente y sin pasar por encima de nadie”.

 

“En su casa no existían puertas para sus ami- gos”, quienes podían entrar cuando así quisieran y a los que recibió siempre con gran gusto, disfrutan- do de ellos, y ellos de él, ya fuese con un ron, un tequila, o lo que hubiese al momento, entablándose bohemias algunas veces interminables y siempre memorables.

 

Su hijo Carlos Mahr define a su adorado papá en una palabra: Libre, ya que siempre fue un hombre que disfrutó la vida y en el camino atesoró amigos por todos los rumbos donde estuvo.

 

Su compañera y cómplice inseparable fue Cachita, con la que compartió 65 años de vida, juntos procrearon a sus amados hijos: Liz, Enrique, Bertha, Carolina, Verónica y Carlos, quienes lo convirtieron en abuelo de 13 nietos y bisabuelo de 1. Tuvo con toda su familia una relación extraordinaria basada en la unidad y el amor, valores que, seguramente, perdurarán en sus corazones por siempre. Hoy su familia lo bendice por haber compartido tantas experien- cias por tantos años.

 

Entre su legado literario nos deja dos textos: Memorias de un gavilán y un caballo (2011), donde narra varias anécdotas vividas desde su niñez y cómo influyeron en su vida, el caballo

y los aviones; y Con los güevos en la garganta, este último próximo a publicarse, que narra la historia de la aviación en Chiapas con anéc- dotas de los pilotos que vivieron esa etapa en la que el avión era el medio de trasporte más importante de nuestro estado, y que contribuyó en su desarrollo.

“Nada traía al llegar; nada llevaré al partir;

pero puedo asegurar que algo dejo por vivir”

- Fragmento del libro Memorias de un gavilán y un caballo (2011), de Enirque Mahr Kanter.



Nombre: Redacción Redacción
Ocupación: Editor

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