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Chiapas de Tradiciones

CARLOMAGNO Y EL ZOPE


Mangotenango y Jocotepeque, son pueblos que solían competir por todo: quién fundó la primera escuela, quién cons- truyó el primer templo, quién tiene el parque más bonito, y no digamos en los deportes. 

Los alcaldes sostuvieron una enconada discusión: qué pueblo tenía el mejor cuentero. 

—Ya sé —dijo uno—, hagamo’ una competencia de quién hace el relato más chingón; en Mangotenango tenemo’ buenos cuenteros. 

—En Jocotepeque hay más mejores —dijo el otro. Y lanzaron la convocatoria:

“A los habitantes de los pueblos Mangotenango y Jocotepeque se les convoca a participar en un concurso de cuentos. Va a ganá’ el que diga el más chingón cuento, el más increíble, el más mejor”.

Cada pueblo hizo una competencia inter- na y eligió a su campeón. Tema: Cacería y cazadores

En efecto, en los dos lugares había cuenteros calidad de exportación. Incluso espe- cialistas por temas. Mangotenango tenía a Tío Chumita con especialidad en Cacería y

pesca; Don Lisandro, Cuentos de espantos; tío Flavino, temas varios. Jocotepeque también presumía los suyos: El Meco Gudiño, Vida extraterrestre; la Chata Pérez, Posesiones diabólicas; El Fachatriste, de tocho morocho. 

Quedaron dos finalistas: uno por pueblo. 

El jurado, también quedó integrado. 

Tío Chumita representó a Mangotenango y el Fachatriste a Jocotepeque. 

Tema: Cacería. 

Tío Chumita dirigiéndose al jurado preguntó: 

—Hay cacería con chucho, y sin chucho,

¿cuál quieren? 

—Con chucho, tío. 

—Porque también tengo sin chucho — acotó. 

—¡Con chucho, tío, con chucho! —repitió el jurado. 

—¡Tá’ mejor el sin chucho! 

—Con chucho o sin chucho, empiece’sté ya o lo descalificamo’

Entonce’ con chucho. Tío Chumita arrancó:

—Antes, la cacería no era deporte: era trabajo; si no cazabas no comías. Por eso nos hacíamos de buenos chuchos. Yo tenía a Carlomagno, el mejor chuchoapuntador; miraba las cuichi, se paraba cerca y con la mano te señalaba ‘onde estaba la cuichi, parecía estuatua, no se movía hasta que escuchaba el disparo. Una vez que salimo’ de cacería, en el llano había mucho pasto alto, tan alto que el chucho se me perdió entre el zacatal. Por más que lo busqué no lo hallé, y desolado, regresé a mi casa. Pasó una semana y el Carlomagno no aparecía. Mi compadre, El Pijuy, me informó: 

—Compadre, en el llano ‘tá el Carlo- magno, todo tieso apuntando pa’ un nido de cuichi ya vacío, ¡ya hasta lo cagó el zope! No se mueve, solo coyolea sus ojo el pobre como esperando algo, no sé qué. 

¡Qué pendejo soy —le dije—, se me olvidó disparar! Fui, disparé y así el Carlo- magno regresó conmigo. 

Tío Chumita fue ovacionado. 

El turno era del Fachatriste represen- tando a Jocotepeque. 

Tema: Cacería con chucho. 

—Pues yo tengo un chucho negro —con- tó el Fachatriste—, también busca cuichi, pero solo las asusta. La otra vez lo llevé al llano, al mismo llano donde se perdió Carlo- magno, ahí estaba el chucho de tío Chumita con una mano apuntando un nido de cuichi. Mi chucho lo vio al Carlomagno, lo olió, lo orinó y lo zurró: pa’que se le quite lo sonso. 

—¿Cómo se llama tu chucho? —pregun- tó uno del jurado. 

—El Zope.

—¿Por qué no le disparaste a las cuichi

—Le disparé, pero al Zope, cuichi ya no había. 

—¡Le disparaste al Zope, vos totoreco! —el jura- do preguntó— ¿Y lo mataste? 

—¡Ah, chingá! ¿Y por qué lo iba yo a matá mi chucho? ¡Le disparé… pero unas sus tortía con frijol y queso, como premio por zurrarlo al Carlomagno! 

El jurado declaró: Tío Chumita contó el cuento más increíble, pero el Fachatriste contó el más chin- gón, por lo que el ganador es: “El empate”. 

Ahí mismo tío Chumita pidió la revancha, un con- curso de: “Quién es el más pendejo de todos, pa’que ‘ora sí gane el Fachatriste”. 

Si tenés chucho, compartilo el cuento, si no tenés, adoptá uno.

 



Nombre: Enrique Orozco
Ocupación: Escritor y miembro fundador del movimiento cultural Rial Academia de la Lengua Frailescana

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