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CAMPEANDO: ...¡¡¡Y SI FUÉRAMOS GALLINAS!!!


Al inicio de la actual pandemia escribí en este mismo espacio una nota titulada: Todos a revi- sión, en la que señalo la inverosimilitud de la teoría del murciélago (y luego del pangolín) en el origen de este mal llamado Covid-19, lo anterior derivado de lo endeble, fantasioso y poco serio planteamiento de la OMS, que ofende a quienes tienen conocimientos mínimos de biología, inmunología y virología; no importando si son médicos de humanos (todos los médicos son humanos), veterinarios, biólogos o de alguna otra profesión afín. 

Tuve muchos cuestionamientos que me lleva- ron a creer que estaba totalmente equivocado y que por ser veterinario no tenía los conocimientos y, sobre todo, la autoridad que tienen los intachables y eruditos científicos, directivos y funcionarios de tan prestigiada institución. 

Pero, ya lo dijo el autor de Pedro Navaja: la vida te da sorpresas; y resulta ser que los amigos de la OMS, andan tratando de convencer a los cuates de las autoridades de salud de China, para que nuevamente les permitan hacer estudios sobre el origen de este misterioso virus, que ha generado un más misterioso mal; los chinos dicen que lo están pensando; pero les piden (a los de la OMS), que hagan sus estudios desde un enfoque científico y no con tintes políticos; “tá’quelo parió”, dirían por mi zona; ¿en manos de quién estamos?;  y, por eso estamos como estamos; se conocen y saben a lo que se atreven de ambos lados (chinos y OMS ), y ni a quien irle.

Creo que a muchos de ambos bandos habría que aplicarles el detector de mentiras que utilizaba don José Menéndez Díaz (Pepe Pelón), célebre jefe de la policía montada de mi pueblo, a mediados del siglo pasado; el cual era en un exprimidor de naranjas, que se colocaba en

las partes nobles del varón de quien se necesi- taba obtener alguna confesión o verdad, por la vía del convencimiento y sin el uso excesivo de la fuerza; respetando sus derechos huma- nos, apegado a las leyes, siguiendo el debido proceso y cumpliendo con todos los tratados internacionales vigentes por esos días.

Luego entonces, las dudas de muchos, dentro de los que me incluyo, no eran de princi- piantes, ni de opositores a todo; mucho menos por venir de veterinarios.

Hoy estamos casi como el primer día, sin saber a ciencia cierta qué causa el mal, pues no se ha aislado el virus de forma adecuada, no se ha formulado la patogenia de la enfermedad (origen y desarrollo; incluyendo lesiones, las cuales se encuentran solo si hacen autopsias; que, dicho sea de paso, no se están haciendo). 

En este proceso de aprendizaje, primero dijeron que la enfermedad era incurable; y contradiciendo sus propios dichos, todos los organismos y países presumen que las defunciones (muertos de pacientes que tuvieron algún tratamiento) no rebasan en promedio el 10%; entonces, ¿en qué quedamos?, ¿se puede curar o no?; la respuesta que las evidencias nos han presentado es que sí, siempre y cuando se haga un diagnóstico oportu- no, se apliquen los procedimientos clínicos y la atención médica adecuados. 

Luego siguió la aparición de algo que nos dijeron era una vacuna (que no lo es) pues en realidad se trata de una tecnología (no nueva; e ineficaz, hasta ahora) llamada terapia génica, que no es lo mismo, pero sí más cara (y con nuevas patentes); la cual no previene eficientemente el contagio; y, en el mejor de los casos, hace más leve el desarrollo de la enfermedad, aumenta los asintomáticos y ello incrementa el riesgo de la propagación; si no me creen por ser veterinario, analicen lo que está sucediendo en esta llamada tercera ola, en donde el escribidor (como millones de personas), con su esquema de terapia géni- ca concluido y siguiendo las medidas mínimas de bioseguridad (baja movilidad, uso de cubrebocas, sana distancia e higiene), además de tomar vita- minas, productos naturales, acupuntura y otras yerbas; se encuentra positivo, asintomático y por principios, recluido. 

Nos mintieron diciéndonos que cuando se tuviera un porcentaje alto de vacunados volve- ríamos a la normalidad, y resulta que está siendo al contrario (aun en el vecino país del norte); y parece ser, que lo más efectivo para la PREVEN- CIÓN, siguen siendo las medidas de bioseguridad (sana distancia, cubrebocas, higiene y baja movi- lidad); pero por si las dudas, vacúnense. 

Recientemente, tuve la oportunidad de revisar una entrevista que le realizó mi colega Mauro Castañeda, en su programa Acontecer Agropecua- rio, al Mvz Ricardo Cuetos Collado; profesor en la Facultad de Veterinaria de la UNAM, exper- to en inmunología y virología; a quien tuve el privilegio de escuchar en algunas de sus cáte- dras. Les recomiendo ver el siguiente enlace https://youtu.be/ hYkAOzcu-qM

El dr. Cuetos cuestiona la forma en que se diagnosticó la enfermedad, la elección del método para la fabricación de estas “vacunas” (hay más sencillos y que han probado ser más eficaces, pero ya no dejan ganancias, por ser del dominio público), la forma en cómo se han evaluado, hasta su vía de aplicación; resaltando que esto no es una vacuna y que detrás de todo hay mucha ignorancia (a lo cual yo agregaría, soberbia), de científicos que faltan a su compromiso con la humanidad y de políticos que no entienden el problema.

 También el dr. Cuetos comenta cómo Edward Jenner en 1796, formuló la primera vacuna contra la viruela (que sigue siendo una de las más eficaces que han existido) cuando ni siquiera se conocía la existencia de los virus, y cómo Jonas Salk en 1953 y Albert Sabin en 1956 desarrollaron las vacunas contra la poliomielitis, las cuales siguen siendo muy efectivas y seguras; además,  se hicieron con mucho menos recursos económicos, científicos y tecnológicos, que con los que hoy contamos. Para quienes les guste la historia, les recomiendo leer: Cazadores de Microbios, de Paul de Kruif.

 

Vale la pena recordar y precisar (sobre todo a los que consideran a los veterinarios como médi- cos de segunda) que TODAS las investigaciones de enfermedades infecciosas de los humanos, pasando por su diagnóstico, causa, tratamientos y vacunas, por lo regular empiezan con estudios en animales de laboratorio; las cuales, en su mayoría son realizadas por veterinarios.

 

Además, que en los últimos años, todos los brotes de enfermedades de alto impacto, de aves y cerdos en el mundo, han sido diagnosticadas

y controladas (con medidas de bioseguridad y vacunas adecuadas) en forma pronta y expedita, por equipos multidisciplinarios en los que parti- cipan veterinarios; tal es el caso de la influenza aviar, que apareció en el centro del país en el año 2012; la cual fue oportunamente diagnosticada por los médicos responsables de las granjas y

el personal profesional de Senasica, entre otros actores; donde es preciso resaltar el trabajo de coordinación del Mvz Enrique Sánchez Cruz (mi maestro), quien con su equipo, veterinarios de campo, laboratorios y productores, en pocos meses desarrollaron una vacuna fabricada en México y diseñaron una estrategia para afrontar, contener y controlar la enfermedad.

La porcicultura y la avicultura, continua- mente están amenazadas y atacadas por enfer- medades nuevas, de alto impacto y muy letales, que si no se atienden con prontitud y eficacia, arrasan con las poblaciones de estos animales en pocos días; la humanidad no había tenido, desde comienzos del siglo pasado con la gripe española, amenazas generalizadas de enfermedades emergentes de alto impacto, que se presentaran en forma de pandemia; en la avicultura y la porcicultura es algo cotidiano, por lo tanto, ese fogueo (además de muchos conocimientos  y capacidad de decidir en forma pronta y expe- dita), no se tiene en la mayoría de los cuerpos médicos de humanos, por no estar sometidos a amenazas de este tipo. 

Imagínese que el mundo fuera una gran empresa de gallinas de postura y que cada país fuera una granja; y un día, por arte de magia  se enferman gallinas en todas las granjas. Se hace un diagnóstico, se diseña una estrategia de bioseguridad y al final se incluye algo llamado: terapia génica (partiendo del supuesto origen de la enfermedad) y… un año y medio después (luego de que no se ha controlado la enferme- dad); el director médico, léase OMS, dice que no está seguro de cuál es el agente causal y pide a su equipo técnico que vuelva a hacer los estudios pertinentes, con los encargados de una granja que se encuentra en Asia. 

En muchas granjas (países) sus encargados (presidentes), se han burlado de la enferme- dad, la han tomado con muy poca seriedad, no respetan y cuestionan la eficacia de las medidas mínimas de bioseguridad (cubrebocas, sana distancia y baja movilidad), piensan que con amuletos, sahumerios, estampitas divinas y rezos van a proteger a sus gallinas de la enfermedad; además, promueven los hacinamientos y creen que la fuerza moral es una vacuna. 

Muchos encargados de la salud de las parva- das (secretarios de salud), además de cuestio- nar las medidas de prevención científicamente comprobadas, actúan como matarifes y echan por la borda los conocimientos que obtuvie- ron en universidades públicas y que tienen la obligación de poner en práctica con seriedad y profesionalismo; poniendo en riesgo innecesario a la población y con los resultados que todos conocemos.

La consecuencia de todo ese desmadre, es que se estarían muriendo casi todas las gallinas, como se están muriendo millones personas en el mundo.

 Pero, ¿qué creen?, el director general de la empresa avícola mundial, los corrió a todos y contrató a personal serio, capacitado, responsa- ble y profesional, logrando en muy poco tiempo controlar la epizootia. 

Ojalá así hubieran actuado los organismos internacionales de salud, gobiernos y encargados de la salud pública y seguro como dice la can- ción: “cuando canta el gallo negro es porque se acaba el día, si cantara el gallo rojo, otro gallo cantaría”… 

Y para ponerle más pepita a la maraca pa’que suene, las autoridades sanitarias de los vecinos norteños ya están manejando la pertinencia de una tercera dosis de algunas “vacunas”; y acabo de leer (29-08-21) que evalúan la conveniencia de aplicar refuerzos cada 5 meses; en México se necesitarían como dos mil años para ponernos en esa frecuencia y les recomiendo invertir en labo- ratorios fabricantes de estos biológicos, se van a aburrir de obtener ganancias.

Creo más en las causalidades que en las casua- lidades y me inquietan las consecuencias de las coincidencias.

 

Para mí, hay un felino tras las rejas…

 



Nombre: Mauricio Lastra
Ocupación: Ingeniero Ambiental

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