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AGRICULTURA

Política

CAMPEANDO: MEJOR BEBAMOS Y FUMEMOS


Hace pocos días leí una nota del National Geographic en donde se comenta que el 80% de los contaminantes que se emiten a la atmósfera provienen de la producción de carne y leche; no se las comparto por lo estúpidamente tendenciosa y fuera de toda veracidad; se me hizo irrelevante, pero me trajo a la memoria muchas ideas y razonamientos. 

Por un lado, se percibe la falta de solidaridad de la población que diariamente consume estos y otros alimentos; y por otra, la falta de participación de quienes vivimos de producirlos, para atajar estos y otros desproporcionados y erróneos señalamientos. De los primeros no tengo mucho que agregar, de los otros me da pena su silencio. 

Cuando tuve la muy honrosa oportunidad de coordinar los esfuerzos de al menos 52 cadenas productivas agroalimentarias en la innovación y transferencia de tecnologías, siempre les dije a sus representantes que no hablaran mal de otros cultivos, que se centraran en las bondades del suyo. Les comentaba que el gobierno en turno siempre quería que se hablara mal de cual- quier cultivo (sobre todo si el mal comentario venía de alguien del sector, lo cual es muy común), para finalmente no apoyar a los productores en general.

 

Todos los cultivos o actividades agrícolas, incluyendo a la ganadería, la pesca y la acua-cultura, tienen sus lados oscuros y mejorables; TODOS (como cualquier actividad humana) contaminan, alteran el ambiente, utilizan agua y generan desperdicios; muchos utilizan ferti- lizantes nitrogenados, insecticidas, herbicidas y otros “químicos”; hay monocultivos, culti- vos alelopáticos (que no permiten que crezcan otras especies a su alrededor) y muchas otras particularidades en la producción de alimentos, fibras, maderas y biomasa; y está del lado de la ciencia y el conocimiento, pasando por universidades, institutos de investigación, fondos altruistas y otros actores afines, el poder mejorar y corregir prácticas indeseables; la mayoría de los productores hacen lo que les han enseñado desde esas fuentes de información y conocimientos. 

Sin embargo, esos mismos organismos señalan que solamente los productores de alimentos son los responsables de todos los males de la humanidad, desde el Big Bang, la caída del célebre meteorito, el permanente e inexorable cambio climático, hasta la aparición del “Mal” actual; y ellos, como diría mi papá, se esconden en el cuartito de salud (lo decía cuando alguien no quería quedar mal con las partes en una controversia o simplemente quería evadir su responsabilidad).

 

Ya he abordado en este espacio en varias cola- boraciones, datos, razones, información precisa y no tendenciosa, de la participación de la agricul- tura en la producción de los gases considerados como malos, en la producción de bióxido o dióxido (no se ponen de acuerdo de cómo llamarlo) y por ende en el mal llamado “calentamiento”; sin embargo, sigo escuchando en mi limitado entorno social, en redes, amigos, colegas y compañeros productores, que lo más malo de todo son las vacas, que contaminan más que Chernóbil (por cier- to acabo de escuchar a un funcionario de tristes recuerdos, decir que la energía nuclear es de las más limpias; y acabo de leer, que muchos países la rechazan por lo contrario); también sigo escuchando y leyendo la comparación idiota y absurda de una vaca con un automóvil, en la cual algunos consideran que contamina más la producción de carne y leche, que toda la industria del petróleo, transporte, energía y las ciudades. 

El tema viene a colación porque está por rea- lizarse la COP (Conferencia de las Partes, quién sabe qué número, lo cual es irrelevante, como sus conclusiones); donde seguramente nos volverán a tundir y seguiremos siendo estigmatizados como lo seres más despreciables y perversos, quienes producimos alimentos y ya ni el Chapulín Colo- rado existe para que nos defienda; harán señala- mientos y recomendaciones, desde luego para que las cumplan los países pobres y los productores  de alimentos y si son del trópico, mejor; su mani- fiesto, estará dirigido a los habitantes de pequeñas ciudades y zonas rurales; no a los de las grandes urbes industrializadas y contaminadas hasta el tuétano, no por vacas ni cultivos, sino por autos, aviones, industria y gente. 

A dicha reunión irán en avión, vehículos, trenes, barcos y camiones; se hospedarán en lujosos y contaminantes hoteles (que utilizan energía eléctrica, gases para aire acondicionado, detergentes y cloro, entre otros productos más dañinos que la leche y la carne); comerán sin medida, lo que con mucho esfuerzo produci- mos y ellos desperdician; desde luego beberán vinos y licores que también tienen su origen en el campo y no podrán faltar cigarrillos y puros; estos últimos, para los que se sienten intelectuales y doctos en la materia ambien- tal (la mayoría de las veces sin serlo); ni que decir lo que cobrarán algunos charlatanes como Al Gore y uno que otro artista autopro- clamado ambientalista (desde luego sin serlo, ni saber que significa serlo); sumas, costos y gastos, que la mayor parte de los productores, ni siquiera imaginan y mucho menos verán en toda su vida.

 

Escucharemos que el pedo de una vaca (per- dón, flatulencia diría el compañero Gates), es capaz de llegar a la estratósfera y generar cambios físico-químicos, los cuales podrían distorsionar la relación atómica sideral y alterar los componen- tes de la atmósfera, aumentando el riesgo de una catástrofe nuclear, desde luego con la caída de las acciones de las principales empresas mundiales  en las bolsas de valores; entre otras pendejadas, estas seguramente las oiremos.

 

Pero seguramente no veremos o escucharemos a estos sesudos “científicos e influencers” (para ser actuales) diciendo, que ese pedo, no es el pedo y seguramente nos la harán de jamón ahumado con todos sus ingredientes, para nuevamente salir airosos al defender a los verdaderos culpables, los cuales tienen todo el poder y dinero para mover conciencias, dignidades, voluntades y lo que se  les ponga en frente.

 

Recientemente tuve la oportunidad de andar con mi familia por Atotonilco, Jalisco, zona tequilera

y maicera; atendidos maravillosamente por Willie Fonseca y familia; degustando con largueza mi tequila favorito, Siete Leguas blanco, que amable- mente me surte la familia González; es una belleza y un deleite visual ver todos los campos sembrados de agave o maíz; se ve, siente y respira prosperi- dad, tranquilidad, orgullo por esos cultivos (aunque no sean productores quienes lo expresen) y no es- cuché a los muchos personajes con los que conviví (de toda clase social y económica) quejarse de los precios ($30/kg de agave) ni de la falta de canales de comercialización, tampoco de inseguridad; mucho menos los sentí desanimados, como esta- mos por el sureste agropecuario, donde el deporte favorito es hablar mal de nuestros cultivos y actividades del campo; tal vez la actitud de la gente hace la diferencia, y por eso seguimos como estamos.

 

Si bien es cierto que la sociedad condena el tabaquismo y el alcoholismo, nunca he visto, oído ni leído, que se satanice la producción de uvas para vinos, agave para tequila, granos para licores o de la caña que se utiliza para producir ron; tampoco a la producción de tabaco; por lo cual pro- pongo que bebamos y fumemos; total, los demás productos del campo son dañinos, contaminan y no tienen la menor importancia…



Nombre: Mauricio Lastra
Ocupación: Ingeniero Ambiental

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